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lunes, 22 de septiembre de 2025

Doble función: Skeeter (1993) & Mosquito (1995) |Critica

Dos cintas de monstruos del limbo noventero que agotaba todos sus trucos. Aquí veremos a una regurgitación del ecoterror más viejo y un homenaje emocionado al cine de monstruos. Las dos son muy interesantes por muchas razones. 

Tenía algunas reservaciones en cuanto a este vídeo, especialmente si hablamos de la crítica de Skeeter, ya que a simple vista uno puede pensar que “sobreanalizo” la película, pero en realidad considero que expliqué y justifiqué satisfactoriamente las ideas presentadas en el vídeo en sí, tanto con mis palabras como con las imágenes que seleccioné durante la edición, que después de todo para eso están los clips. El análisis toma en cuenta tanto los aspectos formales como los narrativos y la iconografía del género en la que apoya su discurso el filme. Aunque en retrospectiva, no debí asumir que todos sabían sobre el ecoterror y sus temáticas y tal vez debí de elaborar con un par de frases más mi análisis de la expresión formal de la película (por ejemplo, la colocación de los cuerpos sin vida, tanto de animales como de humanos muertos, en primer término en la composición de muchos de sus planos es una idea que noté después de hacer el vídeo pero que vale la pena mencionar) pero mayormente pienso que el vídeo se mantiene muy sólido.

domingo, 30 de junio de 2024

The Primevals (1994-2023) y el salvajismo truculento |Crítica

¿Qué tanto estás dispuesto a esperar para terminar tu película? 

Una pregunta que de seguro pasó varias veces por la mente de David Allen, el mago técnico de efectos especiales que dio vida a las marionetas de Puppet Master (1989) y a gran cantidad de criaturas pertenecientes a la compañía Full Moon, juntando créditos en gran cantidad de largometrajes populares y desconocidos alrededor de su carrera, desde Ghostbusters 2 (1989) hasta Laserblast (1979).




El joven Allen empezó un proyecto personal en los años sesenta inspirado en historias pulp sobre viajes a tierras desconocidas, habitadas por criaturas extravagantes, mayormente influenciado por los clásicos de maestros como Willis H. O'Brien y Ray Harryhausen, su obra original (originalmente titulada Raiders of the Stone Ring) fue traída a la vida en forma de una secuencia de prueba, la cual supuestamente incitaría a compañías como Hammer Films a producir un largometraje completo pero desafortunadamente los planes para la realización de la película fueron abortados. 



Puesto en espera, Allen no abandonó la idea, siguió cambiando y desarrollando el proyecto hasta que conoció a un joven productor a finales de los años setenta, Charles Band, a quien le presentó la idea, Band estuvo interesado, y comenzó la preproducción de la cinta.

Tuvieron que disolverse varias compañías, pasando año tras año de preproducción frustrada, hasta que a principios de los noventa, Band le propondría a Allen finalmente rodar la película, aprovechando el financiamiento de Paramount y el jugoso éxito de sus filmes de la época dorada de Full Moon. 

En 1994, el rodaje del proyecto, ahora titulado The Primevals, comenzó en Rumanía en verano y duró alrededor de 10 a 12 semanas, bajo la dirección de Allen, quien anteriormente se había demostrado como un convincente director con Puppet Master 2 (1990), su primer largometraje como realizador total sin contar su porción pequeña de The Dungeonmaster (1984). 

Todo se vino abajo con la crisis que golpeó duro a la compañía productora, la separación de Full Moon y Paramount, afectando duramente a la situación financiera de  Band, quien borró varias películas planeadas y dejó inconclusa la producción de Primevals. 

David retomó brevemente el proyecto entre trabajos pero esto acabó con su muerte en 1999, después todo el metraje fue archivado, los materiales distribuidos entre su equipo técnico de efectos especiales, y Band no pudo hacer demasiado debido a los nefastos tiempos económicos en los que se veía.


Todo esto cambió en el 2018, cuando Band se encontró en otro de sus resurgimientos en la industria por la proliferación del streaming y decidió terminar el filme de una vez por todas, usando a los estudiantes de Allen y a editores eficientes que pudieran concluir la posproducción, todo para traer a nuestras pantallas al bebé de Allen finalmente.

Existen dos versiones de la película, una con los efectos especiales completamente terminados y una con escenas eliminadas que se quedaron solamente como parte del guion gráfico realizado por Allen. Ambas se podrán ver en los lanzamientos caseros de la cinta. 



En las tierras lejanas del Himalaya se encuentra el cuerpo de un colosal yeti, el gigante es expuesto por la profesora apasionada Claire Collier (una inspirada Juliet Mills), solo para ser interceptada por el estudiante de tesis fallida, Matthew Connor (un plano Richard Joseph Paul), quien termina viajando al lugar del descubrimiento criptozoológico con ella, después de encontrar marcas de avanzada cirugía cerebral en el cuerpo del coloso, no sin antes contratar al endurecido explorador Rondo Montana (Leon Russom en plan Indiana Jones de pacotilla) como guía. 






Al llegar encuentran a otra ex estudiante de la profesora, Kathleen (una desubicada Walker Brandt), quien les informa de un jefe nativo que enfrentó a la criatura. Tras un exhaustivo viaje por las nevadas montañas y campos extensivos, juntos encuentran la escondida guarida extraterrestre, hogar de invasores que se demuestran como los responsables de la aparición de ciertas bestias mortales, las mascotas de la civilización avanzada de reptilianos David Ickeanos





Desde hace más de 100 mil años los reptiloides hiperinteligentes moldean y monitorean la evolución en la tierra, creando experimentos controlados en sus bases, ahora estos se han salido de control, no solo torturando con su super tecnología sino también utilizando materiales terrenales para sus guaridas y armas, herramientas sospechosamente humanas.



Atrapados en sus jaulas de madera, los humanos protagonistas son parte de un espectáculo de coliseo romano con gladiadores críptidos, todo para el disfrute de las lagartijas intergalácticas, sádicas y primitivas pero tecnológicamente desarrolladas, lo que les sirve para perfeccionar sus instrumentos de destrucción y bestialidad. 


Satisfactoriamente escrita y dirigida por Allen, con el co-guionista Randall William Cook (creador de efectos en Lord of the Rings (2001-2003), Ghostbusters (1984) e infinidad de producciones de Band) quien igualmente tiene gran carrera en los efectos visuales, ambos apoyados por una adecuada banda sonora del gran Richard Band y una edición mayormente correcta del veterano Steven Nielson (The Crater Lake Monster (1977), Microwave Massacre (1979)) con una trayectoria prolífica y larga también.

Al mismo tiempo, al filme se le puede calificar de anticuado e incluso de monótono, interpretado de manera inverosímil, pues al fin y al cabo estamos ante una perfecta fotocopia de sus influencias de mayor peso.


Reproduce al pie de la letra la forma clásica del filme de monstruos y aventuras, con su prosaica dirección tradicionalista, con panorámicas desveladoras de paisajes descomunales, el pesado ritmo sosegado, el celoso resguardamiento de su acción de monstruos hasta el clímax, las obsoletas transiciones de fundidos a negro de puntuación (que hoy en día se leen más como cortes a comerciales que otra cosa) y por supuesto su colección de personajes arquetípicos, aquí implementados apropiadamente y sin desviaciones de algún tipo.

El arcaico modelo funciona como una sintetizada copia-homenaje al creature feature protagonizado por modelos monstruosos, reciclando una esquelética historia inmortal al mismo tiempo englobadora de todos los tropos avistados y recordados, la intachable técnica de un Valle de Gwangi (1969), con todo y sus unidimensionales protagonistas, lo que se puede repetir si hablamos de The Beast from 20,000 Fathoms (1953), It Came from Beneath the Sea (1955) y gran cantidad de clásicos de antaño, en donde el filme se guardaba a las verdaderas estrellas para secuencias clave, sin tirarnos de sopetón todos sus trucos por el riesgo de poseer un clímax precoz, dosificándolos mediante el desarrollo de la trama, llegando al impactante crescendo final, y en Primevals la fórmula se repite y se mantiene exitosamente vigente todavía. 


El final, el tercer acto en específico, ejerce una habilidosa demostración de talento artesanal superior, en donde el stop motion Harryhausiano llega un máximo refinamiento, rayando en un apantallamiento tecnicista soberbio y autocomplaciente, perfeccionista stop motion pocas veces visto, con fluidez absoluta e insólita. La perfección artesanal de los conceptos de los mencionados maestros del medio, contando con la impresionante asimilación por parte del material nuevo con lo rodado en 1994, continuidad técnica casi perfecta entre ambos.

A pesar de las posibles tentaciones de ofrecer estímulo en exceso, no se deja llevar por el ruido visual ni la atiborración innecesaria, los planos son consistentemente pensados con anterioridad, dejando lugar para un concreto montaje sin distracciones ni desviaciones del desarrollo ya previsto, sabiamente pone los efectos a merced de sus ideas, que si aleccionadoras y generales, consiguen transmitirse con efectividad.


En su relato toca temáticas como la crueldad incivilizada perpetrada por seres con tecnología supuestamente sofisticada, mostrando a los antagonistas como sádicos feroces que se deleitan con su violencia, relacionando su comportamiento con los del ser humano y su naturaleza. 

Primevals es el reconocimiento del misterio del salvajismo humano primitivo, encontrado en las demostraciones de brutalidad organizada y elaborada de los monstruos villanos, quienes comparten ADN y similitudes con la especie homo sapiens; aquí se encuentran los misterios prehistóricos que buscaban Harryhausen y O'Brien con sus bestias de tiempos remotos, sus leyendas marítimas, islas intactas por el desarrollo civilizado, y mitos inmortales de años inmemoriales, su incansable búsqueda a un pasado que pueda explicar la naturaleza bestial destructiva del universo, encarnada en sus icónicas creaciones. 

Allen sugiere que las emociones humanas por medio del sacrificio desinteresado solo pueden salvar a los protagonistas, expresado por el sacrificio del nativo en la escena inicial, el del yeti grandote, anteriormente caracterizado como un gigante mansote, antes de ser corrompido por los reptiles, y el sacrificio de la profesora filosofadora (flechada cual fierecilla jovencita de Intolerancia (Griffith, 1916) con un extendido discurso anterior a su muerte, cuál lección de humanismo chafita que te dice de qué trató la película. 

Dentro de su cursilería casi didáctica, está la esperanza de la evolución anti-salvaje anti-brutal del humano, aprendiendo de las ruinas de la caída civilización reptiloide, vencida por su propio cañón con rayo destructor de planeta desconocido. Complementando su escritura de chusca obviedad está su tono cándido, y la moraleja ambiciosa de fábula optimista, necesariamente carente de sutileza, pero no por eso menos seria.    


Primevals es el último respiro, una pieza clave perdida de la historia de la ficción fantástica ingenua, el punto final que hubiese clausurado el tan amado modelo, cerrando con el cine de aventuras de estudio con stop motion, tal vez para siempre, abriendo paso a los ejemplos actualizados y posmodernos de serie Z, como Queen Crab (2015), y otros trabajos de Brett Piper, entre los de otros realizadores. Todos tocados por la era digital modernizada, y el plagio-tributo casero, cayendo siempre en fanatismo ligero más que en la repetición exacta, muchas veces para su fortuna.

Desconcertante para los espectadores no familiares con sus influencias, Primevals es la película de mayor ambición y alcance de Full Moon, y no tiene nada de olvidable, será un viaje al pasado dentro de otro, pues a pesar de sus más de 30 años de espera el filme en sí nos remonta a una era anterior, casi tocando el corazón del cine de monstruos puro y duro, una de las películas que no te puedes perder si eres fan de la serie B.

Crítica en vídeo:

lunes, 17 de junio de 2024

How to Make a Monster (1958) Retrospectiva y reseña

Una reseña rápida y algo plana pero que funciona bien para lo que es. Ahora me inclinaría más bien a tratar de diseccionar el apartado metaficcional y autorreferencial, como cierto sentimiento de culpa por parte de Arkoff y Gordon por maltratar a sus trabajadores como a Ed Wood y particularmente a Paul Blaisdell, quien realmente sufrió de cierta desestimación por parte de American International Pictures, justo como el villano de la cinta. 

Fuera de eso, aún se ve deja ver como una notable cinta de terror sobre el Hollywood de bajo calibre en la época dorada del cine de monstruos clásico. 

viernes, 3 de noviembre de 2023

Pinches Momias (2023) y el nuevo terror mediocre frijolero

De la mano de la satánica Televisa viene Pinches Momias, la nueva versión de la leyenda macabrona que se ha vuelto parte de la cultura mexicana. El descuido por el prójimo a favor de la ganancia económica dio luz a las momias de Guanajuato reales pero el verdadero terror viene en forma de esta horripilantemente convencional serie que fue directo a Vix el primero de septiembre del 2023. 

La premisa es el reciclado concepto de una pandilla de chamacos (con todo y sus estereotipos subvertidos, que se han vuelto estereotipos por sí mismos) batallando contra un grupo de criaturas infernales. En este caso los protagonistas son unos malandritos de Guadalajara que se la pasan estafando turistas desprevenidos que vienen a ver los famosos restos momificados, pero el destino se las devuelve cuando accidentalmente despiertan por medio de un forzado ritual a las putrefactas momias, desencadenando situaciones y eventos medio graciosillos impulsados por mitología extensa no merecida e interacciones incómodas entre personajes pusilánimes de motivación arbitraria, con todo y el pueril romance vacío, antagonistas criminales más cabrones que los cabroncitos, el desafío a las autoridades y las babosaditas tiernas como la momia bebé que le tiraba a ser un Baby Yoda de cuarta. 

Esta regurgitación de Monster Squad (1987), o incluso de ejemplos más ínfimos como Super 8 (2011), Paranorman (2012), Goosebumps (2015), It (2017), Stranger Things (2016) y Attack the Block (2011) no es nada más que una fusilada idea degradada hasta llegar a los tropos Gooniescos de una nefasta historia infantiloide que haría eyacular al nostalfílico Spielberg, con toda la superficial adoración por los clichés ochenteros del cine actual, mezclado con una tosca y falsa fachada de barrio mexicano que tanto se empeñan en replicar las producciones nacionales modernas sin mucha efectividad debido a su nulo filo e insinceridad. Lenguaje soez y referencias autoconscientes adornan un guion despistado que juega seguro y sin interés narrativo.

Su mayor defecto está en no tener nada que aportar, decir o recordar. Se pierde en el mar de tediosas tramas atiborradas que presenta sin gancho ni carisma, además de las abundantes referencias y aborrecible consciencia de la cultura pop por parte de sus personajes. En comparación con trabajos anteriores que presentaban a los monstruos del título, carece de la avidez de llegar al delirio formalista de las producciones de Rogelio Agrasánchez con sus casposas películas de acartonados pero coloridos luchadores enfrentando a las cutres momias roñosas de Guanajuato en su tríptico de culto (Las momias de Guanajuato, El robo de las momias de Guanajuato y El castillo de las momias de Guanajuato), aquí el conformismo y la falta de ideas originales es evidente. Es menos Chabelo y Pepito contra los Monstruos (1973), debido a la falta de regocijo en lo infantil, y más un intento burdo de actualizar un concepto trillado que no necesitaba de una revisión moderna porque solo existe y se beneficia de una suspensión no solo de la incredulidad sino también de las ideas tradicionales del cine mainstream o normalito, así que un acercamiento oficialista, seguro y blando no es acertado. Aunque después de todo, ese es el foso en el que caen la gran mayoría de obras actuales de esta índole. Más efectivo fue el tributo artificioso y camp de Jeff Burr y Chip Gubera con Mil Máscaras contra la momia azteca (2007) el cual estaba confeccionado por el nicho para el nicho.

Pese a lo agringada que resulta esto no le quita el nopal de la frente pero obstruye la sinceridad. Parte de esto puede ser debido a la constante e intrusiva americanización de la cultura mexicana a partir de los sesenta pero termina nulificando cualquier peculiaridad o carisma que pudo haber tenido la producción, decayendo hasta ser una plasta de componentes quemados y cansinos que ya se sienten flojos después de la constante explotación del potencial de esta premisa en infinidad de terror insulso moderno que recae en el homenaje "retro" para disfrazar su estancamiento creativo y tal vez su falta de interés en el resto de la extensa filmografía mundial existente.  

Tal vez notes que no he hablado mucho de su historia o personajes hasta el punto de omitir sus nombres o momentos específicos, pero eso es porque no interesan a nadie. Tampoco me molesto en hablar de la forma cinematográfica porque tampoco es de interés y cualquier análisis resultaría en desmenuzar una construcción reducida y pobre. Mediocridad es la palabra del día, los artesanos de efectos especiales y técnicos de la producción dieron lo mejor de sí pero los creativos estuvieron en piloto automático. No se puede esperar más del director de churros infumables como Cindy la regia (2020) y Hasta que la boda nos separe (2018), quien se recarga en los chistes facilones y mamones acordes a sus sensibilidades nacoburguesas. 

Hay un errado sentimiento de vergüenza por parte del mexicano al ver las estrafalarias producciones de Agrasánchez y sus momias, mayormente porque no existe obra oficialista que se asemeje en locura y espíritu. Las momias de Guanajuato (1972) con sus visuales deformadas por el constante uso del objetivo gran angular, los excéntricos encuadres y ángulos raros enfocándose en mitificar por medio de la cámara a sus sujetos (tanto a los heroicos luchadores como a sus diabólicos enemigos), transmitían un etéreo sentimiento irreal que es difícil de replicar, una delirante pieza puramente cinematográfica sin igual. El veterano Federico Curiel (así como los otros excepcionales directores del cine fantástico mexicano) encontró libertad en los paupérrimos proyectos de género que le encargaban, nunca se olvidarán esas esplendorosas películas que entendían el uso y el valor de todos los elementos que constituyen la realización de una cinta, si, comercial y de género, pero sin caer en la masa genérica. Todo lo contrario a Pinches Momias. 

Mejor vean esta película y sus secuelas del mismo productor.

domingo, 29 de octubre de 2023

Demonic Toys: Serie de Baby Oopsie y Jack Attack ¿Mantienen el espíritu de Full Moon?


Tal vez muchos ya lo han inferido, pero la casa productora Full Moon ha explotado sus propiedades más famosas desde hace algunos años, siendo Demonic Toys la franquicia que han intentado revivir en estos últimos tiempos. Así que Charles Band contrató al director y actor William Butler, debido a que le agrada su particular sensibilidad artística, para encargarse de las nuevas producciones, él anteriormente había encabezado proyectos como dos secuelas de dulce macabro (Gingerdead Man 2 y 3) y Demonic Toys 2: Personal Demons (2010).

William Butler.

La primera de esta nueva serie, Baby Oopsie (2021), fue una agraciada y sólida adición al terror raro actual, buscando transgredir en varios sentidos el estado del terror moderno con una cinta camp sinvergüenza. 

En el 2022 se estrenó en su plataforma una serie secuela que nos presentaba más aventuras de nuestra protagonista, Sybil, la coleccionista de muñecas, y su fiel compañero, combatiendo las fuerzas del mal en forma de inocentes juguetes asesinos.

Para este punto, toda esa cursilería y extravagancia chusca pseudo-casposa fue estirada tanto que ahora ha quedado guanga, su tono divertido es neutralizado por una trama alargada y sin interés dramático, a diferencia de la historia más personal conducida por la protagonista de la primera, aquí todo está tan disperso y desarticulado que parece aleatorio, lo que podría jugar a su favor o en contra. 

Una serie simplemente irregular, pero algo chistosa y ocasionalmente satisfactoria en sus diversiones convencionales del terror, como en sus eficaces muertes y sus bien logrados efectos especiales.

No obstante, el estandarte más sólido no llegaría hasta 2023 con Demonic Toys: Jack Attack, la cual trata sobre una tímida y muda adolescente llegando a su nueva casa después de quedar perturbada por un violento evento que la traumatizó, recibiendo por correo el infame Jack in the Box de Demonic Toys. Estamos ante un spin off tanto de la serie pasada, como de las películas clásicas que todos conocemos, era inevitable que Jack tuviera su propia película, considerando su popularidad entre los fans. 


Sigue muy en línea con el estilo planteado en la primera entrada actual que Butler introdujo a la saga, esta estética digital con ciertos toques artificiosos y efectos de calidad artesanal bien implementados pero finalmente baratos, intentando capturar el camp más cursi y extravagante de David DeCoteau, mientras que al mismo tiempo estructurando la película con las tramas trilladas pero con potencial del Full Moon noventero de antaño, resultando en una delirante experiencia esquizofrénica que curiosamente satisface por ambos lados. 

Para este punto, a Butler se le acabaron los personajes en los que estaba interesado, así que confeccionó una historia superficial y esquelética, siendo esta la clave de su funcionalidad, pues a diferencia del mal terror trillado se va por el camino de la buena fórmula reconocible, en Jack Attack esta explotada trama familiar es un curioso sketch burdo, usado como excusa para presentar sobre él sus deschavetadas secuencias de horror cutre.

Dentro de sus virtudes encontramos divertidas y grotescas muertes de ejecución dinámica, además de constante acción de muñecos que te mantiene enganchado, incluso durante su insulso y plano drama, el cual es de poco o nulo interés para el director. 

Los pequeños guiños autoconscientes, ciertos chistes paródicos, como las fáciles burlas a las redes sociales e influencers, así como una edición apresurada por la falta de ambición de sus realizadores, la pueden volver desconcertante para el público general pues está totalmente desconectada con la sensibilidad de producto procesado que nos ha impuesto el cine mainstream, apostando por una grata experiencia sin las pretensiones vacías del cine mediocre. 

Su ágil y acelerado ritmo, ayudado por una miserable duración de cincuenta minutos, obligó al cineasta a economizar todos los aspectos posibles desde su pusilánime historia hasta sus crudas visuales y desarticulada edición, cualquier convención tradicional no toma ni la más mínima importancia a la hora de realizar estos trabajos de poca monta, optando por descuidar las bases del entretenimiento comercial esperado, es cautivante por ser una desinteresada aproximación al cine oficialista, es el tipo de serie B que logra lo increíble apartando las distracciones típicas. 

Después de todo, ese puede ser en resumidas cuentas lo seductivo de la serie B, estas producciones industriales rápidas que nos muestran todos los lados del cine, desde lo más comercial hasta su inexplicable atractivo artístico para nada conformista. 

Hoy en día, Full Moon trabaja de manera reminiscente a una casa productora de serie B verdadera, de los treintas y cuarentas, en la época donde los estudios grandes producían estas cintas de manera barata y rápida, lo que suponía una especie de entrenamiento formal que agilizaba las habilidades de sus realizadores algo que no se ve mucho hoy en día, la diferencia es que aquí tenemos a otro ejemplo de veteranos manteniéndose vivos en una industria cambiante con un modelo nuevo de realización, así como de distribución, lo que los está obligando a experimentar y reinventarse, aunque tomando como influencia las antiguas prácticas clásicas. 

Estas secuelas y nuevas adiciones al catálogo de la compañía pueden no ser necesariamente lo que muchos esperaban, pero se mantienen destacables debido a que fundamentalmente están bien encaminadas hacia un cine lúdico e imaginativo, lo que ha mantenido a Charles Band y a su gente siempre fascinantes.


Ejemplos de producciones modernas de Full Moon por cineastas veteranos.

El futuro de esta admirada compañía es incierto pero potencialmente rico, las ideas abundan y el desgraciado jefe a la cabeza siempre tiene proyectos en mente. Espero con ansias más de ellos, ya que, como el cine de serie B, Full Moon nunca morirá.

Versión en video de la entrada.